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7 de marzo de 2012

Interesantísimo intercambio epistolar entre dos personas que saben de lo que hablan



Hace apenas unos días se reportó a este blog el ingeniero Claudio Sócrates Campillo, carboneño de nacimiento aunque formado y establecido al sur del país -para ser más precisos, en el estado de Guerrero-, quien redescubrió su lugar de origen a partir de llamar su atención algo que a los carboneños "totales", aquéllos que nunca han perdido contacto con la región, jamás les ha interesado y en consecuencia no les representa conflicto alguno: ¿Merece Carbó llamarse Carbó.
Propone Claudio Sócrates que tal punto al menos se discuta por los propios carboneños, para algún día ver la posibilidad de cambiarle el nombre al municipio. Mientras esto ocurre, se dio a la tarea de expresar su inquietud a la Sociedad Sonorense de Historia y el resultado son estos tres documentos que publicamos, para que la gente interesada en algo más que ver pasar el tiempo con su propia 'puerta de Alcalá', haga su propio ejercicio referente al tema.

Sócrates escribe primero, luego la SSH contesta, y en la tercera carta que llegó rápido y sin estampilla engomada de por medio, Socrates contrareplica.

Aquí están:
 


Documento 1
26 de febrero de 2012
Buenos días, C. Miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C.

Un servidor, sonorense, nacido en Carbó, Claudio Sócrates Rojas Campillo, he investigado sobre el nombre "Carbó". Lo anterior, porque escribo una autobiografía novelada y me vi en la necesidad de investigar sobre ésto, lo cual a su vez, me llevó, primero a la web
http://carbosonora.blogspot.com , luego a www.historiadehermosillo.com, y otras.

Me llamó la atención lo que dice, la primera de las páginas:
"De acuerdo a los acontecimientos históricos del personaje que "dió" su nombre al municipio, general José Guillermo Carbó, muy probablemente no sea nada justo cargar para la eternidad tal denominación. No sé que tenga de heróico haber sido soldado de Porfirio Díaz y aniquilador de indios yaquis". Nuestras generaciones encargadas de gobernar a Sonora, despues de la revolución, ¿Tan agradecidos le quedaron al Porfiriato, que no se atrevieron a modificar ni siquiera los nombres de algunos lugares, como Carbó, Hermosillo, y pudiera haber más???

Existe el antecedente, el gobernador de Coahuila, Don Venustiano Carranza, firmó un decreto en 1911 derogando el nombre de Ciudad Porfirio Díaz por el de Piedras Negras. Piedras Negras asi se llamaba desde antes, y tuvo que soportar el nombre de Ciudad Porfirio Díaz durante 23 años y dias. Consultando una pagina de Coahuila, ..."La revolución mexicana acabó con todo lo que realizó el porfiriato y por ende, el nombre de la ciudad...".

Con esta información que les he comentado, ¿Cuál sería la postura de la Sociedad Sonorense de Historia, A. C.? para hacer la labor correspondiente -de gestion, al menos- ante quien sea necesario: Informar, Consultar, hacer ver el error, hacer encuestas, entre Ciudadanos de Carbó (radicados y no radicados), Autoridades de Carbó, Autoridades del Estado incluyendo al Congreso, para lograr hacer una solicitud y cambiar de nombre? Y no porque a un acelerado sonorense (que ni vive allá) que esta haciendo su crónica personal descubrió que el nombre que lleva su natal pueblo, correspondió a un soldado de Porfirio Diaz, oaxaqueño (mata-yaquis), .......
Hubiese preferido Tetabiate, Pitahaya, Cactus, ...SÍMBOLOS AL FIN, cualquier cosa, que toda la vida han existido en aquella tierra. No me vayan a salir que las raices de nuestro pueblo,...... que la cultrua de nuestro pueblo..... que no son tiempos y menos si son electorales..... ¿Qué va a generar un problema administrativos ENORME, con actas de nacimiento, etc. etc.? .....SI EXISTE LA VOLUNTAD POLITICA, SE PUEDE LOGRAR.

Desconozco si ya ha habido otras inquietudes similares. Al menos en mi crónica, ahí sí estará la propuesta, de cambio. Les agradezco sus atenciones y tiempo.

MC Ing. Claudio Socrates Rojas Campillo.

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Documento dos
27 de febrero de 2012
MC Ing. Claudio Sócrates Rojas‏
Estimado Ing.

Recibimos con gusto su carta y nos entusiasma que la historia despierte inquietudes en profesionistas de distintas actividades, lo que usted expone en ella es un argumento que tiene vigencia y responde a un reclamo de identidad legítimo.

Los que estamos en la historia como disciplina, procuramos alejarnos de estos arquetipos de buenos y malos, la Historia de México, por lo general, presenta un panorama de mártires y traidores, que no abona mucho al anàlisis.

En el pasado de México y Sonora coexisten: Eusebio F. Kino, Tetabiate, Cajeme, Dìaz, Zapata, Juárez, y muchos personajes como Carbò, B. Reyes, Ramòn Corral, Álvaro Obregòn y Calles así como muchos más, dependiendo de la época y el momento.

La imposiciòn de nombres fue una polìtica muy acorde con la formaciòn del paìs, asì se le impuso el nombre de Hermosillo a El Pitic, respondiendo a una necesidad de identificar la geografìa con el nacionalismo incipiente, en todo el país se le cambIaron los nombres indígenas o que tenían que ver con su formación en la colonia, privilegiando nombres que identificaban un pasado patriótico. Para darle un ejemplo: Moctezuma era la antigua Oposura, así como Nacameri hoy Rayón, en fin, fue una práctica que se dio en todo el territorio nacional y abundan los ejemplos, esto modificó para siempre la toponimia del pais.

En el tema del Gral. José Guillermo Carbó, vale la pena aclarar que fue un militar destacado, que combatió en la guerra de intervención francesa, de ideología liberal, además de que tuvo una actividad política y militar relevante en el noroeste.

Así como otros personajes del ultimo tramo del siglo XIX, yo creo que vale la pena considerar el pasado y situarse en el momento en que los personajes actuaron, el Gral. Carbó fue uno de muchos militares del porfiriato que cosolidaron un régimen nacional exitoso en su momento, lo importante es establecer que no es lo mismo Porfirio Díaz al inicio que al final, cabe considerar que los revolucionarios sonorenses valoraban a muchos de estos personajes, ya que identificaban que el modelo político se había agotado, sin embargo reconocían a estos y eran objeto de consideración y respeto, es el caso de muchos militares que participaron en las luchas del siglo XIX.

Si usted revisa, como yo lo he hecho, los archivos de cancelados en la Secretaría de la Defensa Nacional, se sorprendería de lo que se encuentra, y como el régimen de La Revolución premió a muchos de estos militares, más allá de haber participado en el porfiriato, nunca los consideró enemigos.

Así vale la pena destacar, como, hay una gran laguna en el tema de los militares conservadores, que fueron muchos y algunos muy destacados, ahí también resulta muy interesante la actuación de estos personajes de los cuales se sabe muy poco, y que en un momento dado a mediados del siglo XIX, tuvieron el control del país y el apoyo de los indígenas del Estado de Sonora, casi en su totalidad, así cómo en la época de Imperio de Maximiliano, las comunidades indígenas apoyaron al Imperio y a los franceses, sin objeciones, con esto no quiero decir que los pueblos indígenas fueran traidores o algo por el estilo, no.

Aquí vale la pena destacar como los personajes tienen intereses y preferencias, que se deben de estudiar en el momento en que actuaban o tenían participación pública y política, eso es lo interesante, alejarse de juicios en ocasiones un tanto desfasados por el tiempo y la memoria.

En la historia como usted ve, es muy importante las fuentes y el fundamento, si no, no se está haciendo historia, por eso es muy importante volver a las fuentes y destacar el momento en que un personaje actuó, las consideraciones tomadas desde el presente pueden nublar el conocimiento de la historia y algo muy grave el reconocimiento de lo que fuimos y hoy somos.

Estimado Ingeniero, si en algo la SSH puede contribuir a la difusión y conocimiento de la historia lo haremos con gusto, por otra parte le deseo mucho éxito en su propósito de escribir algo novelado, la literatura da licencias que la historia no permite, sin embargo déjeme decirle que si hay un género que me entusiasma muchísimo es: la novela histórica, y es por esa vía que me fui adentrando en el campo de la historia.

Lo saludo y estoy a sus órdenes.

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Documento tres

3 de marzo de 2012)

Sr. Joaquín Robles Linares Negrete.
Sociedad Sonorense de Historia, A. C.
Un cordial saludo.

Primero, quiero agradecer la atención prestada para contestar mi mensaje (carta). Intentaré ser breve a fin de no quitarle su valioso tiempo.

Llaman mi atención, varios aspectos mencionados en su escrito. Los citare en el orden en que los fue manejando.

1.- Me dice, refiriéndose a mi primer mensaje (carta): lo que usted expone en ella es un argumento que tiene vigencia y responde a un reclamo de identidad legítimo.” Esto, es lo único, sinceramente, en lo que parece coincidimos y estamos de acuerdo. El resto de su carta, lo podría adjetivar de varias formas, pero con el afán de no polemizar en lo absoluto, solo me sujetaré a los términos, los cuales me permitan aclarar algunos puntos.

2.- Inmediatamente después de lo que cita, -remarcado con rojo- agregó: “Los que estamos en la historia como disciplina, procuramos alejarnos de estos arquetipos de buenos y malos, la Historia de México, por lo general, presenta un panorama de mártires y traidores, que no abona mucho el análisis.”

Hago la aclaración que no soy historiador. Pero cuando leí esto, me pregunté ¿A qué Historia se refiere el Sr. Joaquín?, y me hizo recordar algunos documentos leídos, precisamente por la investigación hecha sobre el “nombre” Carbó. Deduzco por las lecturas hechas, que cada época, sin duda, tendrá sus “historiadores oficiales”, incluyendo a los “hacedores de la historia oficial”. Entonces, me cuestiono, ¿qué hacen ustedes cuando las fuentes que consultan están cargadas por la legitimidad impuesta desde el Estado?

Por lo visto, ser historiador sin tener que adaptarle nada a la realidad, significa realmente hacer historia. Tergiversar la realidad e intentar sostenerla, ha de tener algún nombre.

3.- Cuando se refiere al General Carbó, lo que dice sobre él, me imagino es su opinión personal basada en lo que usted se ha documentado. Sin embargo, decir que fue “destacado, político y militar relevante…, consolidaron un régimen nacional exitoso en su momento, …”  

Qué opinión se tendría de un gobernante de un régimen nacional exitoso en su momento,  si su política agraria se caracterizó por la expropiación de comunidades enteras y pequeños propietarios a favor de hacendados nacionales y capitalistas extranjeros así como la extrema concentración de la propiedad de la tierra.

Los yaquis en particular, no solo vivieron éste despojo, sino también fueron víctimas de exterminio, deportación, esclavismo y racismo. Los historiadores, sirvieron a P. Díaz como sus intelectuales orgánicos, y por si fuera poco, a los yaquis, les otorgaron una imagen negativa, cercana a la maldad frente a los sentimientos nacionales.

Del régimen de P. Díaz, existen datos numéricos como el siguiente, entre muchos otros: 400,000 hectáreas vendidas a Richardson Construction Co.  A 60 centavos cada hectárea. Venta de yaquis a $ 65 pesos, cada uno, en Yucatán.

4.- Casi al final dice: …, “vale la pena destacar como los personajes tienen intereses y preferencias, que se deben estudiar  en el momento en que actuaban, o tenían participación pública y política”. Precisamente, lo que señalo del régimen de P. Díaz, no es ningún invento, es del dominio público mundial. Las fuentes son investigaciones hechas.

Estimado Señor Joaquín Robles Linares Negrete (Sociedad Sonorense de Historia, A.C.) , agradezco su atención, y créame, que aprendí con las consultas hechas sobre los yaquis, también sobre cómo se maneja la historia por el Estado y el rol del historiador. Su profesión es muy interesante.

Reciba un cordial saludo.

MC Ing. Claudio Socrates Rojas Campillo.                               


2 de mayo de 2008

Personajes, como Mantequilla Nápoles, que una vez llegó a el Oasis

En el generoso paquete de fotos que nos manda José Alfredo Hernández, vemos en primer lugar a esta dama, Beatriz Valdez Limón, en faenas de costura doméstica. Ella radica actualmente en Tucson.
(Un comentario: aunque mejoramos la calidad de las fotos con photoshop, no es la mejor pues fueron tomadas con cámara y no escaneadas. Sin embargo quedaron bien y se agradece el esfuerzo de quien las aportó.)


María Mercedes y Luz Irene Gálvez Valdez con un rubio Santaclaus en una Navidad de hace ya algunos años.
En esta, lo que se alcanza a ver de José Angel "Mantequilla" Nápoles, captado en el restaurante-bar del Oasis aquellos lejanos años de los 70 cuando el boxeador cubano era lo máximo en peso welter mundial. Otro día subiremos las que quedan.

Una vez me puse los guantes con Alain Delon
Otrora en la gloria, Mantequilla Nápoles se resiste a hablar de él: yo ya no existo
Foto
Mantequilla Nápoles ganó el título welter de CMB y AMB al estadunidense Curtis Cokes, el 18 de abril de 1969, en el foro de Inglewood, California. Esa noche tocaron el Himno Nacional mexicano y celebró la victoria con sombrero de charroFoto Cortesía del Consejo Mundial de Boxeo
Juan Manuel Vázquez
La lluvia inundó los terrenos donde tendría lugar la pelea entre José Ángel Mantequilla Nápoles y Carlos Monzón. Un sendero de tablas servía de alfombra roja para los asistentes, menos aficionados que esnobs familiarizados con la farándula, quienes acudían al espectacular encuentro que organizó el actor francés Alain Delon, convertido en promotor de boxeo, el 9 de febrero de 1974, en París.
En una precaria carpa las localidades eran simples tablones numerados, porque las sillas se limitaban al área de ringside, lo que daba al montaje un aspecto de circo pobre. Las entradas estaban agotadas y la velada parecía un éxito asegurado, donde abundaba no sólo la porra mexicana y la hinchada de argentinos que querían ver a sus respectivos compatriotas, sino también personajes del espectáculo y la cultura, entre ellos la actriz Brigitte Bardot y el escritor argentino Julio Cortázar, quien escribió un cuento policiaco donde este combate es el telón de fondo, titulado La noche de Mantequilla.
Nápoles estaba en la cima. El peleador nacido en Santiago de Cuba, naturalizado mexicano, se convirtió en leyenda del boxeo mundial y, según versiones, acumuló una fortuna de 50 millones de pesos, tuvo propiedades y toda clase de lujos, algunos negocios, 500 trajes en el clóset, centenas de zapatos de todos los colores... demasiadas joyas. Aún es recordada una pulsera de oro que pesaba un kilo con 100 gramos, adornada por 106 diamantes, de la que presumía: ¡cómo brillaba, chico!
Todo se esfumó. Vieja historia del boxeo: el ascenso y la estrepitosa caída de un ídolo. Hoy, a los 69 años, Mantequilla Nápoles sobrevive de clases que imparte a jóvenes, a quienes cobra 50 pesos semanales, en un destartalado y triste gimnasio en Ciudad Juárez, Chihuahua.
No quiere tocar el tema de su situación actual. Es orgulloso. De hecho, odia hablar con la prensa porque, asegura, lo ha tratado mal, y rehúsa cualquier pregunta.
No, no, no me interesa hablar. No de mí ni de lo que hago. Eso ya pasó, lo que hice ahí quedó... yo ya no existo, dice tajante durante una estancia reciente en el hotel Geneve, en la Zona Rosa del Distrito Federal.
A punto de marcharse, unos aficionados lo reconocen y le piden autógrafos. Nápoles se deja mimar por el público y reparte firmas en cuanto papel le extienden.
Mientras atiende a sus seguidores, una coincidencia permite retenerlo unos minutos más. A espaldas del ex campeón cubano-mexicano cuelga de un muro una foto de Julio Cortázar, quien alguna vez se hospedó en el mismo hotel.
–Mire, don José Ángel, una foto de Cortázar. Él escribió una historia donde usted es protagonista, ¿lo conoció?
–Mmmm –intenta recordarlo–. Como que se me hace conocido por la barba, pero es que conocí a tanta gente importante.
Después de conseguir el campeonato welter ante el estadunidense Curtis Cokes, Mantequilla adquirió celebridad. Todos querían su compañía y por todas partes lo adulaban.
“Cuando gané el campeonato, el presidente Gustavo Díaz Ordaz me mandó llamar a Los Pinos –narra lleno de orgullo–, y me dijo: ‘escoge: un reloj de oro, dinero o un automóvil último modelo, lo que quieras’, y yo le dije: ‘no, señor, no quiero dinero; todo lo que yo quiero es mi nacionalidad’, e inmediatamente le ordenó al secretario de Gobernación que me ayudaran. Así fue como me dieron mi nacionalidad mexicana”, relata.
Mantequilla fue parte de un éxodo de peleadores que abandonaron Cuba ante el triunfo de la revolución en 1959. Una época única que tuvo momentos de gloria con Ultiminio Ramos, Babe Luis y Manolo Mora, entre otros.
Foto
El legendario púgil afirma que los cubanos revolucionaron el boxeo mexicano debido a que tirábamos muchos golpes y esquivábamos muy bien. Aquí no había nada parecidoFoto Juan Manuel Vázquez
–¿Qué traían ustedes de Cuba que vinieron a revolucionar el boxeo mexicano?
–Teníamos un boxeo distinto al que había aquí. Teníamos otro nivel. Tirábamos muchos golpes y esquivábamos muy bien. Aquí no había nada parecido –explica.
Pocos peleadores tan técnicos y precisos. Era un ajedrecista capaz de acoplarse a cualquier estilo; su trabajo sobre la lona semejaba una coreografía. Era tal su perfección, que algunos decían que Mantequilla era maligno, porque cometía errores intencionales para engañar a su rival y atraparlo.
–Se dice que usted dejaba que se le acercaran los rivales, e incluso dejaba que le tiraran golpes para sorprenderlos malparados.
–Yo tenía amaestrados todos los golpes. El más malo para todos era que cuando me tiraban el jab con la derecha, yo hacía así –expone mientras mueve lentamente el rostro hacia el hombro derecho para esquivar un golpe imaginario–, el puño pasaba de lado, calculaba y entonces les metía un gancho y un volado, cuando estaban malparados: ‘¡toma, toma, cabrón!’ –remata con violencia a un enemigo invisible.
Por eso, cuenta, empezaron a escasear rivales que pudieran arrebatarle el cinturón, por lo que Nápoles emprendió una aventura que fue considerada una locura en ese tiempo: enfrentar al campeón de los pesos medianos, Carlos Monzón, un peleador mucho más grande y pesado, que estaba causando furor en Europa.
Alain Delon organizó la pelea y el contraste suscitó la suficiente curiosidad y morbo por saber qué ocurriría al enfrentar una pantera contra un elefante.
–¿De quién fue la idea, de usted o de Delon?
–De él, porque tenía peleadores en esa época... ¡ah! –dice como si de pronto tuviera una revelación–. Una vez me puse los guantes con Delon, pero yo no le iba a pegar porque él no es boxeador, sólo le iba a esquivar los golpes, pero me tiró una derecha, me hice a un lado y que le pego un volado a la cara, pero no duro.
No, pues se encabronó y que se me viene encima a patadas y chingadazos; ya no sabía cómo darme, relata y suelta por primera vez una sonora carcajada.
No hubo sorpresas la noche del 9 de febrero de 1974. Como era de esperarse, Monzón tuvo claras ventajas sobre el pequeño Mantequilla, que pese a la disparidad nunca dejó de ir hacia adelante y de tirar golpes como una máquina que no sufría dolor.
El argentino lo alejaba con facilidad y le asestaba la derecha cada vez que quería, como si lo atacara con un par de garrochas que impedían acercarse al cubano-mexicano, quien tras el castigo ya no salió para el séptimo asalto, evitando así una carnicería innecesaria.
“Pero bueno –interrumpe repentinamente–, todo eso ya se acabó. Eso ya quedó atrás, en el olvido. ¡Ya no tiene caso!”, exclama otra vez de mal humor, como al principio, mientras se levanta como impulsado por un resorte.
Bueno, ya me tengo que ir. Me urge porque no puedo dejar mis asuntos allá en Ciudad Juárez; mis muchachos me están esperando en mi gimnasio. Además, yo ya no quiero seguir hablando, eso pasó hace mucho tiempo; lo que hice, ya quedó atrás.
–Pero, don Ángel, ¿no quiere recordar su gloria y la grandeza que tuvo?
–No, no, yo no necesito eso, ¿pa’ qué? Si yo... yo ya no existo –escupe molesto, mientras se marcha apresurado, sin voltear a mirar el retrato del escritor que lo inmortalizó en La noche de Mantequilla.